23 de febrero de 2006. Hace un frío que podríamos denominar, coloquialmente, como de tres pares de cojones. Los grajos directamente iban en taxi. Y en el Hard Rock Café del Paseo de la Castellana, 5 bloggers se reúnen en torno a una mesa redonda.

Y sin embargo, El Teleoperador se queja: “Un sitio en el que me hacen ir a la barra a por la cerveza, me hacen pagarla en el momento, me la dan aguada y además no se puede fumar… no se puede llamar Hard Rock.”
Por cierto. En esa foto de ahí arriba hay gente a favor de la negociación y gente en contra de la negociación. Y nadie llamó terrorista a nadie. Y nadie llamó facha a nadie. La dicotomía del estás con nosotros o contra nosotros existe sólo en la cabeza de unos pocos.
25 de febrero de 2006. Hace menos frío que en el previo pero se anuncia temporal. El peor temporal de los últimos 3 días, dijeron en la televisión. Y yo sin paraguas.
Como siempre en este tipo de eventos sociales de los demócratas de toda la vida, estuvimos buscando a algún fan de Pasión de Gavilanes. Y esta vez, como somos tan chulos, no sacamos una bandera (y miren que fue jodido no sacar ninguna, que casi te las ponían delante). Les presento la nueva moda. El brazalete.

A pesar de haber encontrado pruebas de que la gripe del pollo ya había llegado a España (algunos sospechábamos que realmente nunca se llegó a ir del todo), decidimos quedarnos, por si había algo más interesante. Como siempre, nos repartimos el recorrido por el método de a ver quién la saca más corta y me toca quedarme atrás del todo, en la plaza de República Argentina durante un largo rato. Aprovecho para ver a Mayor Oreja y a Carlos Iturgaiz, que pasaban por allí, pero no me hice foto con ninguno de ellos. Todavía si hubiese sido Zaplana…
Va pasando el tiempo y aquello no avanza demasiado. Decido hacerme fuerte en el kiosco (estaba escrito así, que yo soy de “o las dos con k o con q y c“) que hay enfrente de la Casa de Aragón. Aquel pequeño oasis se convirtió en mi proveedor de chucherías varias, para alegría de mi hígado y mi endocrino. Y además me sirvió para sacar alguna que otra imagen chula, no se pierdan la decoración.

Para los malpensados rojojudeomasonicosociatas: sí, vendían El País. Y la Playboy, aunque esa reconozco que me costó un rato encontrarla. Al recobrarme del estupor inicial veo que la cola de la manifestación ya avanza por Serrano y me reincorporo. Justamente en este momento, me pasan en una hoja de papel la solución a todos los problemas que azotan a España. Veo por ahí algunos que van a votar que no en el referéndum famoso (si es que sale):

Llegado este momento, llega la hora de hacer la foto de control y salir de allí echando patas a casita para hacer el recuento y escribir la crónica, no sin antes tomarnos la última de rigor.
Disclaimer: de todas las manifestaciones a las que hemos ido con el Manifestómetro, esta es la única en la que comprendo y comparto el cabreo de los afectados directos, ocasionado por el hecho de que una panda de hijos de la gran puta que han visto que sus argumentos son una mierda pinchada en un palo pasen de las palabras al plomo y la pólvora. Pero, nuevamente, la excusa del terrorismo tampoco es una patente de corso para según qué cosas.