Dije que caería, y ayer me lo terminé: el tercer libro (y último, hasta la fecha) de su serie sobre Nueva Crobuzon. Y éste, a diferencia de The Scar, sí tiene lugar en dicha ciudad, al menos durante buena parte de la historia.

Iron Council - portadaTemporalmente, el relato se sitúa después de los acontecimientos narrados en La Estación de la Calle Perdido; esto se sabe a través de comentarios de los personajes sobre hechos pasados, nunca hay una línea temporal clara. Puede ser dos meses después o veinte años más tarde. Imagino que también es posterior The Scar, porque las descripciones de Nueva Crobuzón de Bellis Coldwine (protagonista de la segunda novela) no se corresponden con el momento actual (que sería el momento en el que transcurre la historia de Iron Council.)

Nueva Crobuzón está en guerra, por dentro y por fuera. Más allá de sus fronteras, con la ciudad de Tesh. Esta guerra nunca se llega a mostrar, el hilo de los acontecimientos no pasa por ella más que de puntillas, en forma de algunos soldados que vuelven a contar sus historias. Pero no importa, porque la chicha de verdad está en la guerra interior, en forma de disidencia contra el gobierno. Con uno de estos grupos de resistencia arranca la narración.

El relato está dividido en dos partes, en principio independientes, que acabarán juntándose en algún punto. Por una parte, un grupo de la disidencia, liderado por un fabricante de golems llamado Judah Low, ha escapado de Nueva Crobuzón buscando algo llamado El Consejo de Hierro para intentar acabar con el caos de la ciudad.

Por otro lado, un colaborador del Runagate Rampant, un panfleto de la resistencia, comienza a integrarse en un grupo más activo, más violento, liderado por un extraño personaje llamado Toro. Y hasta aquí puedo leer sin destripar nada.

Cosas que me han chocado de este libro: no está en la tónica general de los libros de este hombre. Ojo, es bueno, pero no tanto como los dos anteriores, o por lo menos a mí no me lo ha parecido; esto puede ser porque yo estaba esperando otra cosa. Hay mucha acción, más que en los dos anteriores, y de forma prácticamente constante. Cuando no hay una huída hay una persecución, y cuando no, un ataque de monstruos de cualquier tipo. Porque en esta novela aparece un buen puñado de seres nuevos, casi diría que se abusa del recurso del bicho raro. También hay una presencia constante de la magia… perdón, taumaturgia; mucho más que en los dos volúmentes anteriores, que era una mera anécdota o una habilidad muy especial de algún personaje. En esta, el que no tira un hechizo (hexes lo llaman en inglés, ¿cómo lo han traducido?) es un mindundi.

Otra cosa que no me ha convencido es el Consejo en sí mismo. No voy a decir qué es, ni por qué se le busca, tan sólo que las decisiones que se toman, bien por el Consejo, bien por las personas que van a buscarlo, no siempre tienen una motivación clara. Al final se puede intuir por qué se monta la que se monta (sí, aquí no hay sorpresas. Al igual que en las anteriores novelas, a 200 páginas del final ya se intuye que se va a liar una bien gorda), pero está muy cogido por los pelos.

Con todo, tengo mono de más libros de este hombre. Si los chicos de Amazon no me mienten, King Rat llega esta semana, y Looking for Jake el mes que viene.

Mientras espero, voy a darle otro tiento al Ciclo Barroco. Espero que en la segunda novela hagan algo más que sacarse las pelotillas de la nariz, que la primera se me hizo un tanto pesada.

1 comentario

  1. Las penas del Agente Smith » Looking for Jake and Other Stories (China Miéville) (#1) dice:

    [...] Solamente una de las historias está relacionada con Nueva Crobuzón o el universo de Bas-Lag, el entorno en el que se mueven sus tres novelas anteriores. Se trata de Jack, una visión de Jack Half-a-Prayer desde el punto de vista de alguien muy cercano a él. Este personaje es uno de los secundarios en Iron Council (hace poco ÓsQaR escribía sobre este libro.) [...]

Comenta

RSS de los comentarios de este artículo.