El 27 de Diciembre del pasado año, El País publicó una noticia sobre unos maravillosos parches ‘quemagrasa’ que no había por donde cogerla:
Los parches no transmiten corriente, no necesitan cables, no transfieren a la piel ninguna sustancia, pero mejoran el rendimiento del deportista, incrementan su energía entre un 20% y un 40%. Se pueden quemar entre 300 y 600 calorías más sin hacer nada.
Al día siguiente, y sin tratarse de una inocentada, la ARP-SAPC envió una carta a dicho diario. La carta iba firmada por Javier Armentia, en calidad de Director de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.
Pues bien, hoy leo que dicha carta cumplió su objetivo. La Tribuna del Defensor del Lector de El País publica una rectificación, y algunas reflexiones interesantes.
Para verificar las afirmaciones del director ejecutivo de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico me puse el jueves en contacto con un destacado investigador en el área del magnetismo. Explicó lo siguiente: “A diferencia de la Tierra, que sí es un imán y posee polos magnéticos bien definidos, nuestro cuerpo no lo es aunque posee elementos que son magnéticos. Por ejemplo, la sangre transporta la proteína llamada hemoglobina que contiene iones de hierro. Las corrientes eléctricas que recorren nuestro cuerpo y que están asociadas a la actividad cerebral, al movimiento muscular o a los latidos del corazón también generan debilísimos campos magnéticos”.
Según este investigador, empieza a haber instrumentos capaces de medir esos débiles campos que se producen en el cerebro o el corazón, lo que puede llegar a ser de gran ayuda para diagnosticar el mal funcionamiento de esos órganos. Lamenta por ello que se frivolice con el magnetismo por motivos comerciales. “¡Qué pena!”, exclama, “manejar de forma tan engañosa el vocabulario moderno de la nanotecnología”.
Este profesor universitario se muestra convencido de que es necesario aumentar la cultura científica de las personas como un elemento básico para que puedan ejercer sus derechos como ciudadanos, debido a que la ciencia y la tecnología impregnan cada vez más la vida cotidiana.








