El escepticismo y la arrogancia

Hoy he vuelto a coger una de las revistas que tengo en The Pila 2 (la 1 es la de libros, que afortunadamente ya va menguando. Afortunadamente porque así podré pillar otra tanda de material -del bueno, del que dan ya cortado- en breve). Es lo que tiene suscribirse a un par de revistas con la esperanza de ir leyéndolas sobre la marcha. Total, una es mensual (Investigación y Ciencia) y la otra bimensual (Skeptical Inquirer). ¿Quién iba a pensar que no da tiempo a ir finiquitando los nuevos números según van llegando? Bueno, pues os lo digo yo. No da tiempo.

El caso es que he leído un artículo en Skeptical Inquirer (número de Mayo/Junio de 2004, para más señas) de Karla McLaren que trata acerca de por qué la comunidad escéptica y las comunidades New Age no son capaces de comunicarse entre sí, aunque extrapolando el contenido del artículo se puede aplicar sin mayor problema a problemas de entendimiento entre escépticos y Cualquier Otro Estúpido Movimiento. Y acabo de dar un ejemplo de lo que no se debe hacer.

McLaren argumenta que a la hora de leer documentación escéptica sobre curanderos New Age, homeopatía y demás hierbas, lo primero que llega a la vista es una sarta de adjetivos tales como: impostores, farsantes, timadores, ingenuos y otros que no voy a escribir para no incomodar al espíritu de Cela, que él sabía usarlos mejor que yo. Y después de la ristra de calificativos denigrantes, los argumentos.

No sé hasta qúe punto eso será cierto en los sitios escépticos de EEUU. Aquí en España la cosa no abunda, salvo la web de ARP-SAPC y un par de listas de correo no me parece que haya mucho más movimiento (salvo en casos puntuales, como la famosa Alerta Ovni de Milenio 3, que hubo gente que salió esa noche únicamente a dejar volar un globo con bombillas o cualquier artilugio similar). Las pocas veces que he visto escépticos tirándose de los pelos, como en el caso anterior, o la mamarrachada de J. J. Benítez de la ciudad lunar abandonada, ha habido de todo. Quizá insultar al contrario sea contraproducente, aunque he de reconocer que Jeta Jeta Mentírez fue una ocurrencia bastante ingeniosa. Hay mejores formas de ridiculizar aquello que merece ser ridiculizado, como aquellos escépticos belgas que se suicidaron en masa bebiendo veneno en una disolución homeopática 30C. Obviamente, fracasaron. Pero atrajeron cámaras, que es lo que cuenta, darse a conocer y explicar por qué hay cosas que no merecen si quiera ser tenidas en cuenta.

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2 respuestas a El escepticismo y la arrogancia

  1. Txapulin dijo:

    Me perdonaras, pero no he entendido nada de tu post, y eso que el tema es interesante.

    Quiza podrias extenderte en ello otro dia…

  2. Lola dijo:

    Por muy suaves que seamos, nos van a tomar por arrogantes. Si alguien te dice que ha visto un fantasma y le pides que te lo enseñe, te va a tomar por un imbécil, y desde ese momento cualquier posibilidad de diálogo está cerrada. Si le preguntas por las condiciones en las que lo vio, o si pudo confundirlo con algo, te va a tomar por un imbécil. Hagas lo que hagas, te va a tomar por un imbécil. Ante tantas posibilidades, no nos queda más remedio que ir directamente al cuello. Y no, no es lo mejor, pero encontrar una posibilidad como la de los belgas suicidas no es fácil.

    Al menos yo busco maneras de no resultar insultante, pero las cosas que proclaman son en sí tan insultantes, que reprimirse cuesta.