En esta época de buenismo, de quedar bien con todo el mundo, de no dar una voz más alta que otra, de meritocracia inversa, de pensar que las opiniones son respetables y, en general, de mamoneo, cada vez pienso más que nos hace falta un hombre como Koichi Toyama:

(Había visto este vídeo ya hace tiempo, pero una entrada en bookforum.com me lo ha vuelto a traer a la memoria. Estas cosas no se pueden dejar pasar.)

Hoy, si no me adelanto a los acontecimientos, hago mi primer doblete en Público con un artículo sobre un proyecto español de lingüistas e informáticos (e ingenieros que vivieron en estaciones de tren abandonadas) que están desarrollando un buscador basado en procesamiento de lenguaje natural. De apoyo, una pieza más divulgativa.

Que los gobiernos abran los datos públicos que poseen y los pongan a disposición de todo aquél que quiera bajárselos no es solamente deseable por el mero hecho de tener acceso a ellos de una forma fácil y sencilla, sino que además, como consecuencia de lo anterior, empezarán a surgir aplicaciones de análisis y visualización que permitirán observar el mundo a nuestro alrededor de formas completamente diferentes.

Quizá no quede del todo claro en qué puede beneficiar el que las administraciones proporcionen datos crudos en formatos abiertos. En lugar de escribir largos párrafos sobre esto, dejo aquí esta charla de Tim Berners-Lee en TED que dura 6 minutos y en la que explica, con ejemplos precisos, de qué va todo esto.

Mientras tanto, la ley española de acceso a la información pública sigue escribiéndose. Y ya ha llovido. Y cada vez nos hace más falta, aunque sea para que los vecinos no nos señalen. Los asturianos y los vascos ya se han adelantado, y con razón.

Hola,

Mi duda viene dada por Levítico 15:19-24 (Nueva Versión Internacional). Cito:

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19 »Cuando a una mujer le llegue su menstruación, quedará *impura durante siete días.

»Todo el que la toque quedará impuro hasta el anochecer.
20 »Todo aquello sobre lo que ella se acueste mientras dure su período menstrual quedará impuro.

»Todo aquello sobre lo que ella se siente durante su período menstrual quedará impuro.
21 »Todo el que toque la cama de esa mujer deberá lavarse la ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el anochecer.
22 »Todo el que toque algún objeto donde ella se haya sentado, deberá lavarse la ropa y bañarse, y quedará impuro hasta el anochecer.
23 »Si alguien toca algún objeto que estuvo sobre su cama o en el lugar donde ella se sentó, quedará impuro hasta el anochecer.
24 »Si un hombre tiene relaciones sexuales con esa mujer, se *contaminará con su menstruación y quedará impuro durante siete días. Además, toda cama en la que él se acueste quedará también impura.
—–

Voy como loco preguntando a las compañeras del trabajo si ya están con la regla, pero no me contestan; a veces compartimos sillas y no querría quedar impuro yo. Algunas, incluso, se enfadan conmigo. ¿Cómo podría solventar este pequeño problema de convivencia sin molestar al Señor?

Un saludo.

(E-mail enviado ahora mismito –con inspiraciones externas– a la Red Joven creada por el Arzobispado de Valencia para contestar a todas esas dudas que siempre tiene la gente de bien, en una demostración más de que con tecnología del siglo XX se pueden comunicar ideas de miles de años antes –antes había puesto “ideas del X”, pero el propósito era cómico y veo que hay gente que se lo está tomando en serio. Cambiado queda).

(Historia de la Ciencia. Javier Ordóñez, Víctor Navarro, José Manuel Sánchez Ron. Austral).

Me crucé con este libro en una de mis visitas a Aquí la Ciencia, una pequeña librería dedicada exclusivamente a títulos de divulgación científica situada en Madrid. Allí estaba, acechando en uno de los estantes, con ese color verde tan característico de algunos títulos de la Colección Austral. Como parecía fino para el tema tratado (532 páginas), decidí pegarle un tiento, aún teniendo en cuenta que esta editorial tiene en mi cabeza la fama de publicar textos bastante áridos.

Afortunadamente, pude completar la lectura sin sobresaltos ni bostezos. La estructura lógica seguida (en tres divisiones fundamentales, tantas como autores: «antigüedad y Edad Media», «Edad Moderna» (hasta el siglo XIX) y «Edad Contemporánea»), así como el estilo de escritura (bastante unificado, diría yo), permiten que el texto se deje leer en cómodas etapas. He de reconocer que la parte final tuvo más interés para mí, pues es ahí donde surgen la mayor parte de los nombres cuyos descubrimientos me enseñaron durante la carrera y, por lo tanto, me resultaban más familiares.

Como texto introductorio es muy asequible, aunque se echa en falta más profundidad (fórmulas mediante, si fuese necesario) a la hora de explicar en qué consistieron los hitos de cada época que permitieron modificar el pensamiento anterior para poder pasar a la siguiente etapa. Aunque se explican los descubrimientos que dieron paso a nuevos avances, en ocasiones dicha explicación pide a gritos una ampliación. Quizá para eso esté la amplia bibliografía del final, pero ese pequeño detalle es el que impide que este libro sea una gran obra de historia de la Ciencia y se quede en una mera introducción.

Poco puedo decir de Joe Cocker, salvo que es la persona que mejor he visto imitar a una marioneta.

Aunque lo diga el título del vídeo, esta actuación no es la de Woodstock, que posiblemente sea mejor que la que he puesto (pero menos exagerada). Y luego está otra en la que colabora un doctor melenudo.

La cebolla (Allium cepa) constituye uno de los ingredientes base para un buen sofrito. Pero también puede curar un resfriado común.

Arranca así el artículo publicado hoy en El País titulado La homeopatía, ¿quimera o ciencia?, uno de esos textos que no son completamente inútiles porque al menos sirven de mal ejemplo. Concretamente, demuestra que se puede escribir, en el año 2010, un artículo sobre homeopatía sin citar:

El artículo, concretamente, cae en esa falacia tan extendida en el periodismo que dice que si una persona dice que la Tierra es redonda y ligeramente achatada por los polos y otra dice que es cuadrada y hueca, hay un espacio para el debate y todas las opiniones son respetables. El título del artículo podría ser La Tierra, ¿esfera o cubo? Que un periódico de tirada nacional desperdicie una oportunidad así para informar un poco a sus lectores, en lugar de asumir que unos dicen una cosa, otros dicen otra, y la verdad estará en un término medio, es triste.

Me resulta especialmente preocupante el siguiente párrafo:

Sin embargo, Luc Montagnier, premio Nobel de Medicina en 2008 por haber descubierto el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), no comparte esta opinión: “Se ha observado que ciertas diluciones dentro del agua en las que no queda materia sí registran, en cambio, vibraciones. Esta dilución puede reconstruir la información genética de la materia. Una información instructiva de la que la homeopatía no puede olvidarse, a pesar de que muchos críticos dicen que no hay nada. Pero sí hay algo. Nosotros hemos demostrado que hay estructuras en el agua que son inducidas por vibraciones electromagnéticas”.

Es sólo el cuarto párrafo del reportaje y ya se ha conseguido poner en contraste la opinión de un premio Nobel con la de Joan Ramon Laporte, jefe del servicio de farmacología del hospital de Vall d’Hebron de Barcelona.

Bien, punto número uno: la consecución de un premio Nobel en un campo no impide que alguien patine largo y tendido en otro. Un ejemplo, que ya será conocido para los que estuvieron en la última edición de «Escépticos en el pub» (cuña obligada: visite nuestro bar): Kary Mullis, que consiguió este galardón por haber descubierto la técnica que permitió la reacción en cadena de la polimerasa, dice que el VIH no causa el SIDA. Con dos cojones.

Buscando un poco acerca de la frase de Montagnier, descubro este artículo publicado en el blog Science-Based Medicine que habla precisamente de un trabajo de Montagnier que no sirve para justificar la homeopatía pero que sus seguidores utilizan para apoyar sus argumentos. Es más, leyendo el artículo parece que el trabajo es una chapuza:

While not necessarily impacting the validity of the study, its publishing details raise some concerns. It was not published in an established, respected journal. It appeared in the first volume, second issue of a new journal, Interdisciplinary Sciences–Computational Life Sciences. The article is not written in the usual scientific format – it lacks separate sections for Methods, Results, etc. There are numerous typos and language errors that should have been caught by any proofreader even if the peer reviewers missed them. The editor in chief is in Shanghai, and four of the other editors are in various Chinese cities, while the other two are US based but have Chinese names. Montagnier is on the editorial board. It says it is peer-reviewed, but the speed of the process is worrisome: the Montagnier article was received 3 January 2009, revised 5 January 2009 and accepted 6 January 2009.

[...] suggesting that disrupted particles of DNA can re-create the original bacterium in cell culture. If true, it would have all sorts of interesting implications, especially for sterilization by filtration. The evidence for this was referenced merely as a “personal communication.” I wonder why they didn’t publish it.

El artículo de El País, sin embargo, inmediatamente después de la cita de Montagnier, se apresura a comentar que «[a] raíz de este descubrimiento, los médicos homeópatas sostienen que la reacción que se origina en el organismo no es química, como sucede con los medicamentos alopáticos, sino de carácter físico». Ni una palabra sobre las dudas acerca del estudio. Ni una palabra acerca de que los mecanismos de actuación descritos en el estudio, en todo caso, y suponiendo que a pesar de todas las dudas que hay sobre su validez son ciertos, desacreditan lo que se cuenta sobre homepatía, y que en ningún caso pueden utilizarse como argumento a favor. Termina muy acertadamente el artículo en SBM con un «Homeopaths who believe Montagnier’s study supports homeopathy are only demonstrating their enormous capacity for self-deception.»

Pero recuerden: lo que está matando al periodismo es Internet. Que los artículos que se escriben sean lamentables seguramente no tenga nada que ver.

(Gracias a Suso por enviarme un enlace al artículo.)