Lo he hecho durante los tres años anteriores (2006, 2007, 2008) y éste no tiene por qué convertirse en una excepción.

Dado que el año pasado ya puse el listón alto, ahora tengo que superarlo. Como este fin de año viene revuelto con la corridas de toros, todo parece indicar que seis números es una buena cifra.

De forma que, yo, en plena posesión de mis facultades mentales (o eso digo) vaticino que ninguno de estos números será agraciado con el premio gordo del Sorteo Extraordinario de Navidad de la Lotería Nacional que se celebra hoy:

  • 2.
  • 3092.
  • 4563.
  • 10482.
  • 23428.
  • 33021.

Poco a poco voy jugándomela con más números. Al final seré capaz de predecir todos los que no van a tocar, y ese año me forraré. Pero tranquilidad, que tampoco hay prisa. Ya llegará el momento.

Este gobierno no es partidario de prohibir, sino de que se pueda elegir en libertad. Y la fiesta de los toros, como usted sabe, cuenta con detractores pero igualmente tiene también un amplio respaldo en la sociedad.

Si hay una característica que destacaría de este gobierno es la capacidad infinita que tiene para ser capaz de decir que ni que sí ni que no, ni todo lo contrario, y ya veremos cómo queda la gente de contenta. María Teresa Fernández de la Vega, en estas declaraciones, es capaz de sintetizar todo eso y más (amén de esa forma de hablar paternalista de pausas largas entre la palabras, no sea que los pobres idiotas que están escuchando al otro lado no se terminen de enterar bien).

Otros ejemplos de lo mismo:

Este gobierno no es partidario de prohibir, sino de que se pueda elegir en libertad. Y el consumo de marihuana, como usted sabe, cuenta con detractores pero igualmente tiene también un amplio respaldo en la sociedad.

Este gobierno no es partidario de prohibir, sino de que se pueda elegir en libertad. Y el top-manta, como usted sabe, cuenta con detractores pero igualmente tiene también un amplio respaldo en la sociedad.

Este gobierno no es partidario de prohibir, sino de que se pueda elegir en libertad. Y coger el coche con una melopea monumental después de la cena de Navidad, como usted sabe, cuenta con detractores pero igualmente tiene también un amplio respaldo en la sociedad.

El buenismo es maravilloso.

Desde finales del siglo XX, un pitido superpuesto a las palabras de una persona indica que debajo existe una palabrota que no se debe emitir en antena. El significado sigue ahí, pero no se permite oírlo aunque se escucha perfectamente.

De forma completamente inversa, y a base de haber asumido lo anterior como absolutamente cierto, un pitido encima de una palabra perfectamente normal se traduce de forma automática al taco que mejor encaje.

Si la palabra es count (en inglés: conde/contar) y se sustituye por un pitido en una canción de Barrio Sésamo, el resultado es el siguiente:

Al Conde le encanta *beep* despacio, pero cada vez más rápido, y cuando empieza no puede parar. Podría *beep* sin parar y sin importarle la cantidad. *Beep* a las arañas del muro, a las velas de la estantería, y cuando está solo se *beep* a sí mismo.

Aunque el efecto está ahí, tiene una pequeña trampa. Como el autor confirma en su propio blog (encontré el enlace en los comentarios de una entrada en el blog de Richard Wiseman, quien publicó el vídeo a principios de noviembre), I took the extra time to add the F and CK noises. En realidad no es un *beep* limpio, sino un f*beep*k, para dar más sensación de que lo que se esconde detrás es un fuck en toda regla.

No obstante, la idea se ha aplicado más veces, sin hacer trampas, y de formas incluso mejores, que también juegan con la idea de que una imagen pixelada en televisión necesariamente esconde algo de índole sexual (o violenta, pero no es el caso):

En estas entrañables fechas, la divinidad se aparece incluso en lo más inaudito:

La Virgen en un Condón

(Visto en LOL god.)

Durante mucho tiempo tuve la costumbre de crujirme los nudillos varias veces al día. Una de las veces más gloriosas fue inmediatamente antes de un análisis de sangre, cuando me apreté los puños cerraos por puro instinto y me cayó una bronca monumental de la ATS que me estaba atendiendo que hizo que volviese a casa poco menos que despidiéndome de mis manos y pensando en el muñón retorcido y dolorido que tendría de mayor. Poco a poco fui dejando la manía, y ahora el único vestigio que queda de aquello es que, de vez en cuando, y cada vez menos, soy capaz de hacer sonar un par de articulaciones simplemente estirando rápido los dedos de las manos.

Hace ya unos 11 años que Donald Unger publicó en Arthritis & Rheumatism un artículo muy elocuente titulado Does knuckle cracking lead to arthritis of the fingers? que concluía, quizá sorprendentemente, que no pasaba nada. El sistema que el hombre empleó para llegar a su conclusión fue sencillo: una vez al día durante más de 50 años, el buen hombre se crujía los nudillos de su mano izquierda (pero no de la mano derecha) y luego comparó la diferencia entre ambas. No había artritis en ninguna de las dos.

Tan magnífico descubrimiento le valió al buen doctor el premio Ig Nobel de Medicina 2009, pero no es el único que ha investigado al respecto de esta pequeña parcela del saber popular (¿a quién no le han dicho que es malo cuando le han visto haciéndolo?). Existen otros estudios mejor realizados que terminan arrojando la misma conclusión:

Actually other scholarly studies of the phenomenon had been done. Responding to the Unger paper, Robert Swezey, M.D., wrote to the journal to report that his own 1975 study—co-authored by his then 12-year-old son in an apparent attempt to get the kid’s grandma to stop the kvetching over the cracking—also found no crack case for arthritis. Swezey further consulted Rand Corporation statistician John Adams, who noted that “it appears that the [Unger] study was not blinded. Blinding would only be possible if the investigator didn’t know left from right. This is not likely since studies indicate that only 31 percent of primary care physicians don’t know left from right.”

The knuckle kerfuffle reminded me that Stanford University bone development expert David Kingsley got dragged into this field a few years back when his son’s fourth grade class asked him if cracking was bad for you. He challenged them to come up with ways to find out while he searched the medical literature. “One kid said that we could divide the room in half,” he recalled, “and some of us could really crack our knuckles a lot and the others couldn’t, and we could see whether we end up with arthritis—an intervention experiment. I said that this was a great idea. The only problem was that it might take 20 years.” Or even 50.

“Then a budding epidemiologist said you could go to old folks homes,” Kingsley continued, “and ask everybody if they cracked their knuckles or not and then see whether they had arthritis. And that was exactly the kind of study that I had been able to find.” In fact, two such studies did exist, the Swezey work that used 28 nursing home residents and a 1990 paper that examined 300 outpatients. Neither found an increased arthritis incidence among the crackers. So Unger probably could have stopped his study early. Nevertheless, he deserves a big hand.

Todos aquellos que se asustaron el año pasado y pensaron que las pelucas que invadieron la ciudad eran en realidad una raza alienígena que estaba sorbiendo lentamente el cerebro de los incautos viandantes pueden estar tranquilos. Las pelucas se han ido. Ya no están. Pueden salir de sus refugios.

Eso sí, no entreguen sus armas todavía. Tenemos unos nuevos vecinos que se han impuesto a todas las nuevas especies que han evolucionado esta temporada:

La nueva tontería

El epicentro de la nueva epidemia es, nuevamente, la Plaza Mayor. Tengan cuidado, nunca saben detrás de qué esquina puede aparecer uno de estos engendros.

Comenzó a brotar la vegetación:
hierbas que dan semilla,
y árboles que dan su fruto con semilla,
todos según su especie.
Y Dios consideró que esto era bueno.

Genesis, 1:12.

Y Dios creó al ser humano a su imagen;
lo creó a imagen de Dios.
Hombre y mujer los creó,
y los bendijo con estas palabras:
Sean fructíferos y multiplíquense;
llenen la tierra y sométanla;
dominen a los peces del mar y a las aves del cielo,
y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo.

Genesis, 1:27-28

Pero:

Cuando Dios el Señor hizo la tierra y los cielos, aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra, ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra ni existía el hombre para que la cultivara.

Genesis, 2:4-5

Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente.

Genesis, 2:7

Es decir: Dios crea el mundo, y la vegetación, y al ser humano (hombre y mujer), pero luego en Genesis 2 la historia vuelve a empezar, y no aún no hay vegetación y crea al ser humano solamente hombre al final del proceso. Es mas: la primera parte la hace Elohim y la segunda parte Yahveh, que es menos cósmico y más de andar por casa.

Alguien la cagó con el CTRL-C CTRL-V ya en tiempos antiguos. El mejor argumento para el ateísmo es la inmensa chapuza que es la Biblia (y digo ese libro porque es la secta que nos ha tocado sufrir en este país).

(Extractos sacados de la Nueva Versión Internacional.)